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IMPERIALISMO by Alex Callinicos

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El imperialismo puede ser definido de un modo bien amplio como la dominación, a través de la historia, de pequeños países por Estados más fuertes, o de manera más restringida, como la política llevada acabo por las grandes potencias desde el último tercio del siglo XIX, para subordinar a la mayor parte del resto del mundo a su dominio. La definición marxista clásica del imperialismo, dada por Lenin, es más específica que la primera definición, y más general que la definición más restringida. El imperialismo no es ni una característica universal de la sociedad humana, ni una política específica, sino que es una “etapa particular en el desarrollo del capitalismo”, de hecho, como afirma el título el libro de Lenin, “la etapa superior del capitalismo”. Lenin intentó caracterizar esta etapa de desarrollo capitalista ofreciendo una famosa definición del imperialismo:

1) la concentración de la producción y del capital elevada a un grado tan alto de desarrollo que hizo crear los monopolios, los cuales cumplen un papel decisivo en la vida económica; 2) la fusión del capital bancario con el capital industrial y la creación, basada en ese “capital financiero” de una oligarquía financiera; 3) la exportación de capitales, que difiere de la exportación de mercaderías, adquiere una importancia particularmente grande; 4) la formación de asociaciones internacionales de capitalistas monopolistas, que se reparten el mundo entre sí, y 5) la concreción de una división territorial del mundo entre las potencias capitalistas más importantes”.

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La definición de Lenin es tratada con frecuencia como un dogma incuestionable por la mayoría de la izquierda, pero sus limitaciones merecen ser señaladas. Ella es, claramente, una lista de lo que Lenin denomina “características básicas” del imperialismo. Pero no es posible a partir de esta lista, establecer la importancia relativa de esas características. Esta es una debilidad seria, una vez que ha quedado claro que algunas de ellas son mucho menos básicas que otras. Por ejemplo, el capital financiero –la integración del capital bancario con el capital industrial– se desarrolló mucho más en algunas potencias imperialistas que en otras; mucho más en Alemania que en Gran Bretaña. Pero además, no sólo la relación entre las inversiones en el extranjero y la expansión colonial fue mucho más desigual de lo que sugería Lenin, también algunas potencias imperialistas, notablemente Estados Unidos y Japón, fueron importadores líquidos de capital hasta 1914.

La concepción básica de Lenin sobre el Imperialismo, sin embargo, emerge ilesa de estas críticas. El fue cuidadoso en poner énfasis en el “valor condicional y relativo de todas las definiciones en general”. Pero además, su estudio del imperialismo no pretendía ser un estudio científico definitivo, en vez de esto, como declara su subtítulo, era “un esbozo popular” basado, en gran parte, en obras influyentes como El Imperialismo del liberal-radical J. A. Hobson y El Capital Financiero del austro-marxista Rudolf Hilferding. Con base en estas investigaciones, Lenin no tenía duda en cuanto a la característica decisiva del imperialismo: “en su esencia económica el imperialismo es capitalismo monopolista”. Esto le permitió ubicar históricamente al imperialismo, determinar “su lugar en la historia, ya que el monopolio que crece sobre la base de la libre competencia, determina la transición del sistema capitalista a un orden socioeconómico más elevado”. Por lo tanto, los antagonismos y guerras entre las grandes potencias no eran una simple aberración, como Kautsky dio a entender, surgían de la dinámica del desarrollo capitalista, sobre todo de la tendencia a la concentración y centralización del capital analizada por Marx. Estos antagonismos y guerras podrían eliminarse, pero solamente gracias a la revolución socialista.

Así, en el análisis más sistemático y rigurosos de Bujarin, el imperialismo nace de las: 

“…tendencias del desarrollo capitalista-financiero. El problema organizativo, que envuelve más y más ramas de la “economía nacional” a través de la creación de conglomerados y a través del papelorganizativo que cumplen los bancos, ha llevado a la conversión de cada “sistema nacional” capitalista desarrollado en un “trust capitalista estatal”. Por otra parte, el proceso de desarrollo de las fuerzas productivas lleva a estos sistemas “nacionales” a conflictos más agudos en su lucha competitiva por el mercado mundial”.

En este abordaje el imperialismo adopta dos características fundamentales. La primera es una consecuencia de la tendencia a la concentración y centralización del capital. La acumulación competitiva de capital lleva tanto al crecimiento en el tamaño de las unidades individuales de capital como a la incorporación de capitales menores por los mayores, especialmente durante las crisis. El poder económico se hace cada vez más concentrado. Sectores de la economía quedan monopolizados, dominados por una pequeña cantidad de grandes firmas o incluso por una única corporación. Además el capital industrial tiende a fundirse con los grandes bancos para formar el capital financiero. La etapa final de ese proceso de “organización” es la creciente integración del capital privado con el Estado- nación, en otras palabras, el surgimiento del capitalismo de Estado.

En segundo lugar, a pesar de todo, esa organización nacional del capitalismo ocurre en un contexto de creciente internacionalización de las fuerzas productivas. La economía mundial, que Bujarin define como “un sistema de relaciones de producción y, correspondientemente, de relaciones de cambio a nivel mundial”, constituye el campo en el cual compiten los “trust capitalistas de Estado”. La competencia entre capitales deja de ser una simple disputa por mercados entre empresas privadas: asume cada vez más la forma de rivalidades militares y territoriales entre capitales estatales a escala mundial. “La lucha entre trusts capitalistas de Estado es decidida, en primer lugar por la relación entre sus fuerzas militares, pues el poder militar es el último recurso de los “grupos nacionales” de capitalistas en lucha”. Guerras interimperialistas, como las de 1914-18 y 1939-45, son un aspecto necesario de una economía mundial dividida entre distintos capitales.

La versión de Bujarin de la teoría del imperialismo no deja de tener sus debilidades. La más importante es que subestima el grado en el cual las dos tendencias que él identifica con el imperialismo –en dirección al capitalismo de Estado y a la internacionalización del capital– pueden contradecirse mutuamente. En forma consecuente él trata las economías nacionales como bloques capitalistas de Estado plenamente “organizados”, en los cuales cualquier tendencia a la crisis económica (aunque no a la guerra) habría sido eliminada. Pero una vez que estos errores son tomados en cuenta podemos considerar que la teoría de Bujarin identifica las características esenciales del imperialismo, tomado como etapa específica en la historia del capitalismo. Podemos resumir entonces la teoría del imperialismo de la siguiente manera:

I. El imperialismo es la etapa de desarrollo en el capitalismo donde: 1) la concentración y centralización del capital tiende a llevar a la integración del capital monopolista privado con el Estado; y 2) la internacionalización de las fuerzas productivas tiende a forzar a los capitales a competir entre sí por mercados, inversiones y materias primas a escala mundial.

II. Las principales consecuencias de estas dos tendencias son: 1) la competencia entre capitales toma la forma de rivalidades militares entre Estados-nación, 2) las relaciones entre los Estados-nación son desiguales: el desarrollo desigual y combinado del capitalismo permite a un pequeño número de Estados capitalistas avanzados (los países imperialistas) en virtud de sus recursos productivos y de su fuerza militar, dominar el resto del mundo; 3) el desarrollo desigual y combinado del imperialismo intensifica todavía más la competencia militar y da lugar a las guerras, incluyendo tanto las guerras entre las propias potencias imperialistas, como aquellas que surgen de las naciones oprimidas en lucha contra la dominación imperialista.

Esta definición del imperialismo es más abstracta que la de Lenin, aunque ella capta el núcleo de su concepción. Una ventaja de esta definición es que puede ser usada para demostrar cómo la dinámica del imperialismo da lugar a distintas fases en su desarrollo. Gran parte de este artículo estará dedicado al análisis de estas fases. Argumentaremos que hubieron tres fases principales en la historia del imperialismo: el Imperialismo clásico, 1875-1945 –analizado por Lenin, Bujarin, Luxemburg, Hilferding, Kautsky y Hobson, que es el imperialismo que dio lugar a la “Guerra de los Treinta Años” de Arno Mayer; el Imperialismo de las superpotencias, 1945 1990 –período en el cual el mundo fue repartido entre dos grandes bloques militares rivales–; y el Imperialismo posterior a la Guerra Fría –el “Nuevo Orden Mundial” de Bush (padre), en realidad una versión más inestable del antiguo orden mundial.

Cualquier periodización de este tipo conlleva un grado de arbitrariedad. Como quedará claro en la detallada discusión que sigue, las características de cada fase están típicamente presentes en una forma menos desarrollada en las anteriores fases. Pero, este modo de dividir la historia del imperialismo, desde mi óptica, ayuda a aclarar su dinámica interna y las transformaciones por las cuales atravesó. Por razones obvias, el imperialismo contemporáneo recibirá una atención detallada.

Alex Callinicos es profesor de Política en la Universidad de York y miembro del Socialist Workers Party de Gran Bretaña

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